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Como una diosa radiante te hemos visto
aparecer entre la espuma del Cantábrico
rodeada de la bruma
que te envolvía en un aura de algodón y luz.
Mirabas hacia el sol que hacía brillar tu torso
mutilado
iluminando el único pecho que lucías
ofreciéndolo a las olas
en su esplendor
como en un rito sagrado.
Superando complejos,
miedos,
vergüenzas,
avanzaste hacia la orilla con audacia:
segura,
valiente,
hermosa como Afrodita
nacida de la mar,
que podía no merecer la atención de Botticelli,
pero a quien yo quiero dedicar mi verso
y mi homenaje.
Playa de Arrigúnaga, Getxo, hoy, 9-8-2012